Me
ha costado dejar ir las Navidades. Hace años que estas no van como me gustaría
y sin embargo tienen momentos muy dulces… es en realidad ese el truco? No
esperar el “todo” y conformarse con “momentos plenos”? Pues quizás. Al hacernos
mayores, perdemos un poco de ese vivir siempre en el filo de la emoción y nos
regocijamos con momentos más íntimos.
Al menos eso me ha pasado a mí.
He
disfrutado con comidas y cenas con amigos que son “familia”, con citas inesperadas
que olían a musgo y tenían el sonido de cristales hermanados en brindis esperanzados, con mesas
delicadas y amorosamente dedicadas, con diversas visitas al mercado de la Boqueria, exultante y hermoso en Navidad, con recetas hechas con amor sincero, con otras
miles de recetas e imágenes vistas en la red hechas de ilusión y deseo de
agasajar (de cariño rebosante, de dedicación entregada) con retos
fotográficos; en Instagram (el que me puso el Oso con Botas me encantó y lo
disfruté y el de Juana, La cocina de Babel, para conmigo me encantó) en Flickr el encuentro anual
con Jackie Rueda y la Navidad, en ISO100 con Mary Fernández y el día fotográfico que viví por Barcelona con
Gemma, de Fogons. Del cariño y entusiasmo de blogueras que de repente se presentan en una
de tus clases, de mensajes en mi whatsup de otras blogueras nacionales e
internacionales, de llamadas inesperadas (pero anheladas!) de blogueras
hermanas y enfin… he sido feliz en muchos momentos.
Y
de repente, como queriendo agarrarme como un náufrago en medio de una tormenta,
ví que todo esto iba a desaparecer y me así a la festividad de Reyes con ansia.
Desde los 5 años que mi padre nos dijo al par de niños inocentes que éramos mi
hermano y yo que todo aquello era un paripé. Yo no sé si lo entendimos pero sí
sé que nunca quise a los Reyes como quería a Papa Noel… porque los regalos “venían”
esa noche; por practicidad.. "ya que lo
niños lo sabían lo mejor era que disfrutasen de sus juguetes cuánto más tiempo
mejor" y por pragmatismo "Ya está
pasado". Así que nunca fuimos a cabalgatas, ni sentimos la excitación de la
víspera de Reyes. Nada peor que los
paraísos perdidos si encima no se han vivido.
Así
que me encontré queriendo celebrar los Reyes como colofón, como nexo de unos
días intensos que me habían reportado alegrías y alguna melancolía enfermiza. Y
terminé haciendo fotos a mis zapatos en la puerta de mi casa, y haciendo
collages con las caritas llenas de ilusión de mis blogueros amigos que, como
otros años, se habían lanzado a cambiar la foto de sus perfiles con la de los
niños que fueron. Fantástico. Gracias a todos.
Y sé, que mis Reyes van a llegar. No hacía falta
que fuera el lunes pasado… tienen todo un año… pero por favor, sus majestades este
año fui buena y creí en ustedes… hagan algo con mis deseos!
Y
este Enero larguito de crisis recurrente, quiero traer recetitas baratitas que
llenen el estómago y acaricien nuestros sentidos. Como esta maravillosa velouté
de Alcachofas, que vino en mi revista favorita del mundo mundial, SAVEURS, en
su número especial de navidad, nº 14.
Espero
os guste como a mi.
VELOUTÉ DE ALCACHOFAS Y PARMESANO
Ingredientes:
(para 4 personas)1kg de alcachofas
Caldo de ave suave o de hervir legumbres
30 cl de leche entera o crema de leche
1 pizca de nuez moscada
50g de grasa de pato (opcional)
50g de parmesano rallado
Virutas de foie gras (opcional)
Calentar el horno a 200º . En la bandeja del mismo ponemos papel de cocina o vegetal, y ponemos sobre él tantos montoncitos de parmesano en polvo, como platos de sopa vamos a servir. Meter en el horno durante unos 4 ó 5 min. El queso se deshará y cuando se enfríe tendremos las galletitas de parmesano. Reservar hasta que enfríe y sea el momento de servir la sopa.
Limpiar las alcachofas hasta dejar los corazones (si vemos que tiene pelillos retirarlos con la punta del cuchillo) y hacerlas al vapor ó hervirlos en el caldo de legumbres o ave ligero que tenemos ya. Dejarlos hasta que al pincharlos notemos que ya están hechos.
Pasar las alcachofas con el caldo por el pimer. En caso de que veamos que han quedado pelillos, colamos la sopa.
Fundir la grasa de pato en un cazo y adjuntarle la leche o la crema de leche. Adjuntarla a la veoluté. Rectificar de sal y pimienta.
Si hemos optado por usar foie podemos usar unas virutas del mismo para adornar la sopa y las tejas de parmesano que hemos hecho antes.
Calentar el horno a 200º . En la bandeja del mismo ponemos papel de cocina o vegetal, y ponemos sobre él tantos montoncitos de parmesano en polvo, como platos de sopa vamos a servir. Meter en el horno durante unos 4 ó 5 min. El queso se deshará y cuando se enfríe tendremos las galletitas de parmesano. Reservar hasta que enfríe y sea el momento de servir la sopa.
Limpiar las alcachofas hasta dejar los corazones (si vemos que tiene pelillos retirarlos con la punta del cuchillo) y hacerlas al vapor ó hervirlos en el caldo de legumbres o ave ligero que tenemos ya. Dejarlos hasta que al pincharlos notemos que ya están hechos.
Pasar las alcachofas con el caldo por el pimer. En caso de que veamos que han quedado pelillos, colamos la sopa.
Fundir la grasa de pato en un cazo y adjuntarle la leche o la crema de leche. Adjuntarla a la veoluté. Rectificar de sal y pimienta.
Si hemos optado por usar foie podemos usar unas virutas del mismo para adornar la sopa y las tejas de parmesano que hemos hecho antes.



























