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(perdonad la calidad de las imágenes pero son un super-8
muy.....muy....antiguo)
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"Sentada allí en la playa veía como el agua iba y venía. Solía mirar hacia el horizonte y veía las olas en su vaivén eterno y pensaba en qué habría más allá. Tenía sólo 8 años pero su cabeza se entretenía ya en profundidades que la sumían en silencios y en otros mundos.
De repente le pareció que el agua estaba más cerca de ellos. Y sin casi darse cuenta, todo fueron gritos, risas, manos arriba con bolsas y gente corriendo. La marea estaba subiendo y como solía suceder mucho más rápido de lo que la gente se pensaba entretenida en juegos y charlas. Su madre consiguió salvar el capazo dónde estaban los ligeros vestidos de playa y el bolso, pero las toallas se mojaron todas. También el agua se llevó la pala verde y el cubo de su hermano. Rápidamente se dirigieron hacia el principio de la playa dónde las barcas, de colores vivos estaban varadas. Su madre colocó el capazo en lo alto y empezó a secarse con un pareo. Luego cogió a los dos niños y trató de hacer lo mismo con el pareo que ya ni secaba ni nada porque era demasiado fino… pero consiguió sacarles los restos de la fina arena de aquella playa.
A ella le puso un vestidito de pequeños lunares desiguales de tamaño y color, que tenía la botonada en la espalda y que le llegaba hasta más allá del trasero … los mangas muy cortas, en forma de semicírculos naranjas. Lo había hecho aquel verano con la ayuda de su madre y a la pequeña le encantaba. A su hermano le vistió con una camisa de cuadros azules y unos pantaloncitos beige.
Su padre se reía, mientras fumaba un cigarrillo y se burlaba de cómo se habían dejado coger por la marea, además decía que lo había recogido con la cámara de super-8 que siempre llevaba encima. Su madre se colocó el vestido azul con estampado de figuras dispares rojas, que le llegaba por encima de la rodilla y que se cerraba con una cremallera de arriba abajo. Recogió su pelo bajo una boina azul y se calzó los topolinos. Decidieron ir a comer.
La niña giró la cabeza y miró hacia el mar que ya había cubierto la playa. Qué curioso le pareció aquel efecto…. hacía apenas unos minutos un montón de personas jugaban y tomaban el sol en ella y ahora tan solo quedaban las partes altas de los palos que cada cuatro formaban un techito dónde guarecerse bajo unos toldos blancos.
Empezaron a caminar hacia el interior del aquel pueblo encantador de casitas blanquitas… llegaron al centro que estaba todo engalanado pues eran fiestas y todo el mundo estaba en la calle. Llegaba el sonido de la música y el olor de las sardinas haciéndose a la brasa. Había varios locales sencillos, de aspecto marinero, con terracitas bajo toldos de bambú y tela azul. Sus padres buscaron una mesa y se sentaron y los niños les imitaron. Pidieron sardinas, una ensalada, vinho verde, agua, y pan. Trajeron unas excelentes rebanadas de pan de broa, calientes, fragantes que atacaron con fruición. En la mesa había una aceitera con un líquido verdoso que a ella le encantaba, pero que a sus padres les parecía muy fuerte...ellos nunca se acostumbraron al maravilloso sabor del aceite portugués y aprovechaban los viajes a Barcelona para traer latas de 5l de Carbonell.... La niña alargó la mano, tocada con la gracia de un sibarita, la cogió, la inclinó y dejó caer sobre la rebanada ese oro líquido. La madre le dijo “no sé como puede gustarte este aceite tan fuerte”, pero ella no contestó. Se limitó a llevarse el pan a la boca y a disfrutarlo. Llegaron las sardinas y la plaza se llenó de música y de gente que empezaba a bailar. La mayoría ya habían terminado de comer, pues en aquel país se comía a la hora europea.
La niña comía con placer casi con demasiada pasión, como a veces le observaba, llamándole la atención, su madre .. "las niñas educadas comen despacio". Ella bajaba la mirada cuando lo hacía… aunque sabía que era verdad (la comida le producía un placer muy intenso) no le gustaba que eso fuera motivo de desagrado para su madre. Creía que las madres encontraban a sus hijos siempre perfectos… y ella empezaba a darse cuenta que no lo era… para sus padres.
Terminaron de comer, y los padres pidieron un café. La niña todavía estaba terminando de arrancar con sus deditos la carne de las espinas fuertes de aquellas sardinas atlánticas, que eran deliciosas y sabrosas, muy diferentes de las que conocía de su pueblo veraniego en España. Su padre preguntó si querían algún postre, y su hermano, que era melindroso con la comida y hacía rato que había terminado con un par de sardinas, dijo: “un helado”… y ella, sonriendo dijo “un pastei de Belem” … la madre, siempre atenta a los excesos, como un policía ante un conductor osado dijo “no, ya comiste bastante por hoy” y la niña de nuevo bajó la mirada y se limpió los dedos en aquellas servilletas de papel blanco. El padre, encendiendo un cigarrillo respondió “déjala, que disfrute. No te preocupes hija, ahora buscaremos una pastelería donde tengan pastéis”.
#MylovingLisboa
Abril Expósito
Hace tiempo que quiero conseguir el sabor de los pastéis de nata o de Belem (como se los llama en Lisboa) pero nunca lo he conseguido. Será que los sabores de la infancia son una especie de Itaca a la que nunca se acaba de volver. El caso es que cada vez que un blog publica una receta corro a seguirla para ver si lo consigo. Pero, aunque son buenas recetas, no "son" ese gusto. Y me aferro a la teoría de que la clave de los pastéis está en la fórmula secreta (dicen que sólo lo saben 3 personas!) y hace tiempo que le doy vueltas a cómo lo harán.
Hace unos años, fui a pasar un fin de semana largo a Lisboa, para reencontrarme con un amigo y mi ciudad de infancia. Los mejores pastéis de Belem son los de La Fábrica de los pastéis de Belem un local situado desde 1837 al lado de los Jerónimos y dónde se fabrican los pastéis con un secretismo de leyenda. Pocos son los empleados que acceden a la habitación dónde se elabora la crema y además firman contratos de confidencialidad muy estrictos.
La Fábrica de los pastéis de Belem, es un lugar anclado en el siglo pasado, dónde un mobiliario de los años 50-60 te recibe con la amable-dulzura que tienen los portugueses. Allí el ritmo es frenético, un mostrador que da a la calle y dónde literalmente “no dejan” de empaquetar pastéis y un salón de té, encantador, dónde tomar un café ó un cha (té) con obviamente un pastéi.
La parada allí fue obligada y resultó un momento de éxtasis total. Los pastéis se sirven tebios y son crujientes, aterciopelados, dulces y fragantes por efecto del limón y la canela. Son una pura delicia.
Hace unas semanas Sylvain, en su blog, Gourmètier, publicó una receta de los pasteis. Dice en el titular, que es la receta auténtica. Muy largo me lo fiáis. Pero he de confesar, que como Sylvain es para mi uno de los blogs más serios que conozco, confié. Y este fin de semana los he probado. Y Olé.
No puedo decir que son iguales. Mentiría. Mi memoria gustativa no puede hacer esta apreciación. Pero son los mejores que he probado de todos los que he probado en la blogosfera…tanto que casi olí el olor de las sardinas y sentí la tristeza de los fados.
El modo de hacer la crema, curiosa, pero ciertamente genial, con ese jarabe que dulcifica y no empalaga. He de decir que he hecho el hojaldre, que también contribuye. Tal cual explica Sylvain. He hecho el modelo sencillo, en cuanto a pliegues y tiempos, pero con la incorporación de la mantequilla antes del laminado como lo expresa en el método más largo. O sea, que hice un mix. El hojaldrado es fantástico.
Aprovecho para publicarlos hoy, día de la Vírgen de Fátima. Cuando vivimos en Lisboa visitamos la Cueva en Iria, y recuerdo que me impresionó. El hecho de que la Vírgen se hubiese aparecido a unos niños, hizo nacer en la niña fantasiosa (muy fantasiosa!) que yo era, que eso también podía pasarme a mi. Fue en Portugal dónde viví la etapa más pía de mi vida religiosa. Mis padres no eran practicantes y de la mano de Edilia, conocí lo que era rezar antes de ir a dormir, ir a misa los Domingos y un poco de espiritualidad. Sigo sin ser practicante, aunque he de reconocer que cada vez más me llama el protocolo, el folklore y las costumbres de este mundo, que va muy ligado a la gastronomía.
No os pongo la receta sino que os redirijo al enlace de Sylvain. Espero disfrutéis como yo.












