miércoles, 25 de mayo de 2016

MONDRIAN CAKE



 

"Cuando llegó no se adaptó fácilmente. Y resultaba curioso, porque ella había esperado este último traslado familiar a su tierra de origen como “el gran momento”. Pero los tiempos cronológicos entre ella y la nueva clase del colegio dónde aterrizó, no fueron los mismos y el primer año le causó daños. El Sr. Melara, de su antiguo colegio se lo había dicho, “eres muy niña, pero no dejes de ser así, ya tendrás tiempo para ser mayor”…pero allí entre aquellas preadolescentes que llevaban zapatos con un poco de tacón, bolso (entonces se llevaban los tipo speedy de Luis Vuiton) y que, antes de salir, se retocaban el rímel se sentía una auténtica extraña. Ella llevaba una cartera a los hombros, mocasines y pelo desordenado. No cuadró. Fue obvio desde el principio.  Y eso que el colegio situado en una antigua torre de principios de siglo le parecía precioso. Al entrar una majestuosa escalera de madera oscura, se abría camino hacía arriba como un mundo lleno de aprendizajes y le pareció uno de esos colegios ingleses de las películas.  En esas escaleras vivió varias anécdotas, pero  quizás la más marcada fue como las bajó ordenadamente el 23F para irse a casa con celeridad y sin hablar con nadie,  como les dijeron que hicieran los profesores.  En el hall un hermoso mosaico modernista adornaba la entrada. Muy diferente de su antiguo colegio, una edificación moderna, de los años 60 sin movimientos arquitectónicos destacables. Pero, cómo añoró a su viejo colegio, ese año triste, de difícil adaptación.

A aquel  periodo, en términos modernos, podríamos definirlo como de un cierto bullying; burlas, ridiculización, a menudo le  escondían la cartera las gemelas  y la hacían sentirse "la extraña". No eran todas, obviamente, pero ya sabemos que el grupo suele ver y callar ante las líderes, pocas chicas se atrevieron a burlar sus iniciativas, pero eso, le parecía normal…no les guardaba rencor. En cuanto al profesorado, pues también era diferente. Bastante austeridad, seriedad y rigidez.  El padre le sorprendió. En su anterior colegio, mucho más progresistas,  D. Marcos era un sacerdote sin hábito, un hombre que recuerda con cariño. Aquí el padre vestía una larga sotana negra, y tenía unos dedos curvados que llamaban su atención. El pobre tenía mucho trabajo con todas aquellas muchachitas cargadas de hormonas y que casi no le prestaban atención. O el profesor de latín, casi el más moderno de la escuela, con larga barba e ideología socialista que le gustaba mucho. Pero los demás, eran estrictos y muy serios. En años posteriores llegaron “otras nuevas” y se cambiaron las tornas. Incluso alguna de esas chicas, malignas y crueles, se volvieron dulces y cariñosas y podría decirse, que hasta que dejó el colegio, tenía algunas amigas en la clase. Pero no echa en falta a nadie. No se ha vuelto a encontrar voluntariamente con ninguna de ellas. Casi no recuerda sus nombres. Es un tiempo vacío, que le causó muchos pequeños traumas, pero que, con el tiempo es tan solo un momento de su vida sin la mayor importancia.

Pero en aquel tiempo no todo fue mal. En la clase de su hermano, le conoció. Un chico rubio, dulce, de humor afilado, ingenioso, muy culto y terriblemente atento. Congeniaron desde el primer sábado que vino a jugar a casa con su hermano. En breve se hicieron inseparables.  El le dio la vuelta a su mundo. El de ella era muy poco social.  Sus padres, metidos en otras lides,  no tenían muchos amigos, o no eran muy partidarios de hacer vida social. Era un mundo bastante cerrado, en que la presencia de los mayores, eran a veces presencias molestias, y las visitas, eso…visitas. Y eso, que en el piso dónde vivían existía la zona de las visitas que por supuesto era terreno prohibido. Pero era su mundo y no le parecía extraño. EL, la llevó a su casa. Aquello era una película de Capra, un lugar que la hechizó. Una madre madonna, a la italiana, mandona, divertida, hospitalaria y muy interesante cuando se ponía a contar batallitas. Un hermano, más serio, más culto, más introvertido que tenía uno de los corazones más bondadosos que ha conocido nunca, un chico valiente que llevaba la llama de la libertad y la aventura en sus venas y se marchó a Londres a lavar platos y "vivir". Una sala, dónde se vivía, con muebles que no tenían porque pegar y que se convertía en comedor con unos hábiles cambios; una perra que ladraba por todo; una especie de nani/amadellaves/tía a la que no se entendía cuando hablaba, pequeñita y de mal cuerpo; pero que se ocupaba de todo y a la que todos recordamos con cariño… Adornos de Navidad que duraban todo el año;  cajas de material de trabajo; tortillas de cebolla y enormes platos de spaguettis con tomate y también un delicioso bacalao en las celebraciones; sábados y domingos llenos de películas en blanco y negro dónde ella se sorprendía de todo lo que aquella madre e hijo compartían de cine…lo sabían todo y conocían todas las películas y actores. Y la “adoptaron” y ella era feliz en aquel mundo tan diferente al suyo.  Adoraba bajar a su casa y pasar las horas oyendo a su madre hablar sin parar de mundos que no sabían que existían. A veces estaban sus tíos, y ella llegaba al postre y se sentaba en la mesa y oía aquellas viejas anécdotas centradas en el pueblo familiar. La hacían reír mucho. Aprendió de ópera y de política, de educación y de obertura de mentes. Ella sentía que allí se hablaba, se trataban los conflictos familiares conforme salían en la mesa o en la puerta, sin que mermara ni un ápice lo que las personas sentían unas por otros…. Aunque, no nos engañemos,  también los había soterrados. No eran perfectos. Pero a ella le encantaba ver como las pequeñas discusiones diarias no terminaban en afilados reproches, en heridas asestadas con saña, en ocultos rencores, como sentía había una calle más arriba, en el que era su hogar.

Y esta semana EL, que adora el Arte, cumplió 50 años. Y ella quiso obsequiarle con un pastel que pudiera definirle. A el no le gustan los bizcochos, en general. Los encuentra masas apelmazadas que le cuestan de tragar. Se hace difícil sorprenderle. Pero cree que lo ha conseguido. El adora el mundo de las ideas y los conceptos, y este pastel, es tan sólo un símbolo. Una aproximación a sus pasiones, el Arte, cocinado porque es lo que ella mejor hace y lo que económicamente puede permitirse en estos momentos y lo ofrece para conmemorar sus 50 años, pero más bien, ese tiempo compartido, esa complicidad, aquello que nació en la calle de abajo."

Abril Expósito
 

-.-

Hace algunos años que conocía la existencia de este libro y estaba en mi lista de los deseos de Amazon. Hace poco, en una visita a mi amiga blogger Laura Solanilla,  lo ví en su estantería y se lo pedí. Es el libro Modern Art Desserts y en él hay pasteles basados en famosos cuadros de Arte.  Estoy enamorada del Mondrian de la portada y ese es el pastel que os traigo hoy para el reto de CdM.


El reto de CdM cumple 3 años ya! Madre Mia!!!! Felicidades querida Victoria La Tauleta, por la constancia y el trabajo realizado y también por la nueva imagen del blog que es fantástica.  Y para premiarlo, Chocolates Valor es su patrocinador este mes.

He de deciros que el pastel me tenía enamorada, pero no me veía capaz de hacerlo. Si de hacer los bizcochos, pero el montaje que requiere cierta habilidad manual, me daba miedo. Así que le pedí ayuda a mi amigo Mischa, y gracias a él, aquí está el pastel. El uso de la regla y del corte se los debo a él.

En cuanto a la receta del bizcocho en sí, utilicé el del Layer Cake de limón que hice este verano. Intenté buscar un bizcocho húmedo y fresco que le pudiera entrar mejor a mi amigo, a quién iba dirigido y al que no le gustan los bizcochos. En cuanto a la decoración exterior usé otro de los trucos del Layer Cake de limón que son virutas de piel de limón confitadas y que estaban deliciosas con el chocolate.  Por lo demás seguimos las instrucciones del libro.

Yo utilicé un molde de plum cake de 27x13. No soy buena en matemáticas pero trataré de contaros como lo hicimos. Hice 2 pasteles, uno blanco, y otro que dividí entre 3 que fui tintando de los colores y horneando en 3 veces. Quizás debería haber hecho 3 pasteles porque me faltó altura en algunos colores, pero no quería que me sobrara tanto pastel.  Aunque como veis con 2 queda bien, tampoco hace falta que sea calcado al ejemplo.  Usé colorantes Wilton.

Aquí tenéis este video que puede ayudar también

 

The Making of Mondrian Cake (Enhanced) from Clay McLachlan on Vimeo.



MONDRIAN CAKE

Ingredientes:
(para 6-8 personas)

Para el bizcocho
225g de harina
225g de azúcar (dice caster sugar* pero puse normal)
10g de levadura en polvo
½ cucharita de café de sal
75g de aceite de girasol
5 claras de huevo
4 yemas de huevo
la piel rallada de 2 limones
100ml de zumo de limón (aprox. 4, según sean)
½ cucharita de café de crémor de tartar si se tiene  (si no, no pasa nada)
Colorante:  azul, rojo y amarillo

Piel de limón confitada
2 limones
50g de azúcar
100ml de agua

Garnache de Chocolate
600g de nata para montar
200g de chocolate negro VALOR

Mi consejo sería hacer el día anterior los pasteles y la piel de limón confitada. Al día siguiente montamos, que se lleva un tiempo y ponemos garnache.

Dia 1

Para hacer la piel de limón pelamos 2 limones y cortamos la piel en fina juliana. Ponemos un cazo con agua a hervir y cuando lo haga metemos las pieles y en unos segundos las sacamos. Lo hacemos 2 veces más. En total 3.  Quitamos el agua del cazo y le ponemos los 50g de azúcar más 100g de agua limpia. Metemos las pieles de nuevo y lo dejamos confitar unos 10-15min. Sacamos con la espumadera y dejamos sobre papel absorbente.

Hacer 2 pasteles.

Hacemos un primer pastel. Encender el horno a 155º. 
En un bol ponemos los productos sólidos; harina, azúcar, levadura, sal. En otro bol los líquidos; aceite, yemas, zumo de limón y su piel. Una vez tenemos los líquidos bien mezclados, los incorporamos a los sólidos. Montamos las claras con el crémor tartar si tenemos, hasta que forme picos firmes. Incorporamos a la masa con movimientos envolventes y en varias tandas.
Ponemos en el horno durante unos 45min o hasta que pinchando la masa veamos que ya está.  Ponemos el  molde sobre una rejilla, dejamos unos 10’, volcamos, dejamos reposar otros 10’ y quitamos molde.  (si no tenemos urgencia de usar el molde de nuevo, que era mi caso, lo podéis dejar más rato hasta que esté frío). 

Hacemos un segundo pastel (cuya masa hacemos mientras se hornea)

Cuando tengamos la masa lista la dividimos en tres.  Coloreamos con cada color. Horneamos cada porción durante aprox. 20-30’ o hasta que pinchando la masa veamos que ya está. Ponemos el  molde sobre una rejilla, dejamos unos 10’, volcamos, dejamos reposar otros 10’ y quitamos molde.  (si no tenemos urgencia de usar el molde de nuevo, que era mi caso, lo podéis dejar más rato hasta que esté frío).



DIA 2. PREPARACIÓN

Del pastel blanco limpiamos los bordes y la parte superior que suele quedar abultada y los dejamos rectos.  Con ayuda de una regla medimos una porción de 2,8cm.  Cortamos.

Esta porción de 2,8cm la giramos y nos quedará más ancha que alta. La dividimos por la mitad.
Volvemos a coger el pastel blanco grande y cortamos una porción de 1,25cm. Volcamos horizontalmente y cortamos por la mitad.

Tenemos 5 piezas.
Con el color azul cortamos una pieza de igual tamaño al primer corte de 2,8cm.
Tenemos 6 piezas.
Con el color rojo cortamos una pieza de igual tamaño al segundo corte de 1,25cm.
Tenemos 7 piezas.
Con el color amarillo cortamos una pieza de iugal tamaño al segundo corte de 1,25cm.

Tenemos 8 piezas.


Ahora hacemos un montaje previo para ajustar cortes y bordes, y lo montamos como las piezas de un mecano. Si no cuadra algo ajustamos con el cuchillo.

 
Preparamos el garnache. Ponemos a calentar la nata hasta que casi hierva. Cerramos el fuego e incorporamos el chocolate cortado en onzas. En unos segundos revolvemos y se irá incorporando perfectamente.
Con una espátula vamos montando el mecano. Nosotros hicimos el piso de abajo. Rodeamos cada pieza de chocolate y las vamos juntando. En el libro recomiendo ir poniendo en el congelador para que "solde" el chocolate…pero no fue necesario. Se nos unió bien.
Al terminar vertemos el garnache por encima dejándolo caer y ayudándonos con la espátula en algún hueco. Ahora si que lo llevé al congelador unos minutos.  Lo saqué y volví a dejar caer el garnache para hacer una segunda capa. 
Adornamos con la piel de limón confitada. Nosotros hicimos un adorno “cubista” con los restos.

Y eso fue todo. Estaba delicioso, pero lo más bonito es ver el corte. Animaros…No es difícil…sólo hay que ser cuidadoso. Creo que ahora, ya me atrevería a hacerlo.

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