UN DIA DE PLAYA EN CASCAIS - PASTEIS DE BELEM

martes, junio 03, 2014



             (perdonad la calidad de las imágenes pero son un super-8 muy.....muy....antiguo)

"Sentada allí en la playa  veía como el agua iba y venía. Solía mirar hacia el horizonte y veía las olas en su vaivén eterno y pensaba en qué habría más allá.  Tenía sólo 8 años pero su cabeza se entretenía ya en profundidades que la sumían en silencios y en otros mundos.

De repente le pareció que el agua estaba más cerca de ellos. Y sin casi darse cuenta, todo fueron gritos, risas, manos arriba con bolsas y gente corriendo. La marea estaba subiendo y como solía suceder mucho más rápido de lo que la gente se pensaba entretenida en juegos y charlas.  Su madre consiguió salvar el capazo dónde estaban los ligeros vestidos de playa y el bolso, pero las toallas se mojaron todas. También el agua se llevó la pala verde y el cubo de su hermano. Rápidamente se dirigieron hacia el principio de la playa dónde las barcas, de colores vivos estaban varadas. Su madre colocó el capazo en lo alto y empezó a secarse con un pareo. Luego cogió a los dos niños y trató de hacer lo mismo con el pareo que ya ni secaba ni nada porque era demasiado fino… pero consiguió sacarles los restos de la fina arena de aquella playa.  

A ella le puso un vestidito de pequeños lunares desiguales de tamaño y color,  que tenía la botonada en la espalda y que le llegaba hasta más allá del trasero … los mangas muy cortas, en forma de semicírculos naranjas. Lo había hecho aquel verano con la ayuda de su madre y a la pequeña le encantaba.  A su hermano le vistió con una camisa de cuadros azules y unos pantaloncitos beige.  

Su padre se reía, mientras fumaba un cigarrillo y se burlaba de cómo se habían dejado coger por la marea, además decía que lo había recogido con la cámara de super-8 que siempre llevaba encima.  Su madre se colocó el vestido azul con estampado de figuras dispares rojas, que le llegaba por encima de la rodilla y que se cerraba con una cremallera de arriba abajo. Recogió su pelo bajo una boina azul y se calzó los topolinos.  Decidieron ir a comer.  

La niña giró la cabeza y miró hacia el mar que ya había cubierto la playa.  Qué curioso le pareció aquel efecto…. hacía apenas unos minutos un montón de personas jugaban y tomaban el sol en ella y ahora tan solo quedaban las partes altas de los palos que cada cuatro formaban un techito dónde guarecerse bajo unos toldos blancos. 

Empezaron a caminar hacia el interior del aquel pueblo encantador de casitas blanquitas… llegaron al centro que estaba todo engalanado pues eran fiestas y todo el mundo estaba en la calle. Llegaba el sonido de la música y el olor de las sardinas haciéndose a la brasa.  Había varios locales sencillos, de aspecto marinero, con terracitas bajo toldos de bambú y tela azul. Sus padres buscaron una mesa y se sentaron y los niños les imitaron.  Pidieron sardinas, una ensalada, vinho verde, agua, y pan. Trajeron unas excelentes rebanadas de pan de broa, calientes, fragantes que atacaron con fruición. En la mesa había una aceitera con un líquido verdoso que a ella le encantaba, pero que a sus padres les parecía muy fuerte...ellos nunca se acostumbraron al maravilloso sabor del aceite portugués y aprovechaban los viajes a Barcelona para traer latas de 5l de Carbonell....  La niña alargó la mano, tocada con la gracia de un sibarita, la cogió, la inclinó y  dejó caer sobre la rebanada ese oro líquido. La madre le dijo “no sé como puede gustarte este aceite tan fuerte”, pero ella no contestó. Se limitó a llevarse el pan a la boca y a disfrutarlo. Llegaron las sardinas y la plaza se llenó de música y de gente que empezaba a bailar. La mayoría ya habían terminado de comer, pues en aquel país se comía a la hora europea.  

La niña comía con placer casi con demasiada pasión, como a veces le observaba, llamándole la atención, su madre .. "las niñas educadas comen despacio".  Ella bajaba la mirada cuando lo hacía… aunque sabía que era verdad (la comida le producía un placer muy intenso)  no le gustaba que eso fuera motivo de desagrado para su madre. Creía que las madres encontraban a sus hijos siempre perfectos… y ella empezaba a darse cuenta que no lo era… para sus padres. 

Terminaron de comer, y los padres pidieron un café. La niña todavía estaba terminando de arrancar con sus deditos la carne de las espinas fuertes de aquellas sardinas atlánticas, que eran deliciosas y sabrosas, muy diferentes de las que conocía de su pueblo veraniego en España.  Su padre preguntó si querían algún postre, y su hermano, que era melindroso con la comida y hacía rato que había terminado con un par de sardinas, dijo: “un helado”… y ella, sonriendo dijo “un pastei de Belem” … la madre, siempre atenta a los excesos, como un policía ante un conductor osado dijo “no, ya comiste bastante por hoy” y la niña de nuevo bajó la mirada y se limpió los dedos en aquellas servilletas de papel blanco. El padre, encendiendo un cigarrillo  respondió “déjala, que disfrute. No te preocupes hija, ahora buscaremos una pastelería donde tengan pastéis”.  

#MylovingLisboa
Abril Expósito

                                                                                -.-

 Hace tiempo que quiero conseguir el sabor de los pastéis de nata o de Belem (como se los llama en Lisboa ) pero nunca lo he conseguido. Será que los sabores de la infancia son una especie de Itaca a la que nunca se acaba de volver.

El caso es que cada vez que un blog publica una receta corro a seguirla para ver si lo consigo. Hace poco fue la dulce Yolanda, con quién me gusta soñar un encuentro en un futuro viaje a mi Madrid (otro rincón de infancia) quién publicó en Cocido de Sopa una receta de resultado impecable….la hice hace unas semanas y aunque tuvieron mucho éxito entre mis amigos, para mi no eran lo mismo….no eran mis pastéis de Belem.  

Al final, me decidí a buscar en un blog portugués, precioso, lleno de imágenes tan limpias, con ese toque vintage y barroco a veces,  como las que me gustan a mi. Se trata de Pratos&Travessas. Su receta, fantástica también…. Pero muy parecida a la de Yolanda.  

Y me aferro a la teoría de que el secreto de los pastéis está en la fórmula secreta y hace tiempo que le doy vueltas a cómo lo harán. Y estoy convencida de que no es un ingrediente sino la técnica en cómo lo hacen… así que este fin de semana me decidí a probar algo que me rondaba la cabeza.   Y no podría jurar que son los mismos pastéis de mi infancia, pero si están muy cerca…tanto que casi oí el olor de las sardinas y sentí la tristeza de los fados.
 

Hace unos años, fui a pasar un fin de semana largo a Lisboa, para reencontrarme con un amigo y mi ciudad de infancia. Los mejores pastéis de Belem son los de La Fábrica de los pastéis de Belem  un local situado desde 1837 al lado de los Jerónimos y dónde se fabrican los pastéis con un secretismo de leyenda. Pocos son los empleados que acceden a la habitación dónde se elabora la crema y además firman contratos de confidencialidad muy estrictos.

La Fábrica de los pastéis de Belem, es un lugar anclado en el siglo pasado, dónde un mobiliario de los años 50-60 te recibe con la amable-dulzura que tienen los portugueses. Allí el ritmo es frenético, un mostrador que da a la calle y dónde literalmente “no dejan” de empaquetar pastéis y un salón de té, encantador, dónde tomar un café ó un cha (té) con obviamente un pastéi. 

La parada allí fue obligada y resultó un momento de éxtasis total. Los pastéis se sirven tebios y son crujientes, aterciopelados, dulces y fragantes por efecto del limón y la canela. Son una pura delicia.






APROXIMAÇÃO A OS PASTÉIS DE BELEM


Qué hice para conseguir un pastelito más ligero, más aterciopelado? Sustituí el hojaldre por la pasta brick (sin ponerle mantequilla, trabajando rápido se consigue que no se te seque del todo), no puse harina en la crema para espesarla (confié en el poder de las yemas), monté las claras a punto de nieve muy fuerte y lo incorporé al final de la crema, creí que llenar la crema de aire le daría esa ligereza característica… y … los hice.  En un intento anterior, mezclé las yemas con leche y monté la nata que incorporé más tarde. Fue un error. La crema quedó muy líquida y se desparramó toda por el horno.
 

Ingredientes:
(para unos 20-30 pastelitos)

500g de nata para montar (*) (ó 250g)
8 huevos (ó 4 huevos)
200g de azúcar (ó 100g)
1 barrita de canela
1 trocito de piel de limón
1 cucharadita de cremor tartar (si no teneis no pasa nada)
1 rollo de pasta brick (u hojaldre si lo preferís)

(*) Tener en cuenta que si seguís esta técnica, al incorporar las claras la crema crece el doble. Por tanto es aconsejable hacer la mitad, porque sino os quedareis sin pasta brick o sin hojaldre suficiente. Razón por la que yo usé ambas pastas en esta receta para poder terminar con toda la crema.

Separar las claras de las yemas. Reservar las claras.

Mezclar las yemas con el azúcar y batir enérgicamente hasta blanquear.  Mientras ponemos la nata a hervir con la canela y la piel de limón.

Cuando esté casi hirviendo, incorporamos un primer cazo de nata a la mezcla de los huevos para atemperarlos y así hasta haber mezclado totalmente la nata con los huevos.

Llevarlo de nuevo al fuego, removiendo todo el rato y teniendo mucho cuidado... es importante que no se nos pegue al fondo y se queme y evitando que llegue a hervir. Si lo hiciera, se nos cortará y las yemas no funcionarán.  Hay que saber retirarse a tiempo del fuego. En mi caso cuando ví que empezaba a crecer muy ligeramente la crema la aparté (tenía que haber mirado la temperatura, pero lo haré en próximas veces y lo añadiré) y no dejé de remover un buen rato sobre una superficie fría (la encimera mismo o podemos llenar un bol con hielo para enfriarla un poco más rápido).

Monté las claras a punto de nieve muy fuerte. Les añadí una cucharadita de crémor tartar que siempre contribuye a endurecerlas.  Las fui incorporando despacio y con movimientos envolventes a la crema. 

Monté en un molde de muffins o cupcakes la base con pedacitos de pasta brick que fui recortando hasta formar una base (la próxima vez la haré el doble de gruesa para darle más estabilidad). Si vas rápido la pasta no se seca y no hace falta pintarla con mantequilla(que convierte al pastel en demasiado grasoso – en un primer intento lo pude comprobar). También, como os decía podéis hacer las bases con hojaldre, Recortáis círculos un poco mayores que los círculos del molde y con los dedos lo aplastáis un poco para que coja bien la forma.

Añadimos un cacito pequeño de crema. No debemos llenarlo pues se inflará en el horno y se nos desbordaría.

Lo ponemos a horno fuerte, 220º durante unos 15min. Vigilar que cada horno…  Yo lo puse en la mitad del horno. Sacar y dejar enfriar un poco. Al cabo de un rato veréis como la crema baja y el pastel no está tan hinchado.

Con ayuda de una espátula pequeña o un cuchillo romo vamos sacando los pastelitos y los dejamos reposar sobre una rejilla.

Espolvorear con canela antes de comerlos y … para mi, comerlos tebios (les podéis dar un toque de micro antes de hacerlo). Son una delicia!!!!!!!
 
 

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14 comentarios

  1. Jo els he tastat un cop i el vaig trobar massa dolç... però tens raó que és un clàssic hiper super famós.
    Amb la pasta brick, encara ha de quedar més cruixent que amb la pasta de full, m'agrada la idea!

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  2. Madre mia Mon, si hay me acuerdo bien de Lisboa, es precisamente por estos pastelitos, que nos pusimos morados!! que ricos!!! con pasta brick me gusta si,si.
    Besines guapa
    Ettore

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  3. Bonita entrada... Nos hace recordar, también a nosotras, la primera vez que comimos estos pastelitos en Belem hace ya muchos años: creo que se encuentran entre nuestros favoritos "for ever", deliciosos.
    A ver si tu receta consigue evocarlos, segurísimo que sí porque tienen una pinta estupenda.
    Besitos.

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  4. Vivo cerca, muy cerca, de Portugal y voy con mucha frecuencia. Tú ya sabes que se come de fábula y lo que no perdono nunca es un buen plato de bacalao y unos deliciosos pasteis de Belem. Gracias por la receta. Besos.

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  5. Aquest any anem de vacances a Lisboa...abans de provar de fer-los...tastarem els originals!!! M'apunto la teva gran versió! Petons!

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  6. Mmmmm qué rico!! Cómo me gustó Lisboa!
    Un besito

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  7. Son muy buenos los probe cuando fui a Lisboa y los tengo hechos pero aun no los he publicado,
    la proxima vez probare como tu con pasta filo,seguro que sera mejor.
    Peto

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  8. Són una delícia, els pasteis de Belem, i el relat que els envolta és ple de colors, aromes, sensacions... quina entrada tan dolça i nostàlgica. Petons.

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  9. Yo no se si es la receta o el lugar que te absorbe pero es cierto que no hay ninguno igual...

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  10. Lisboa para mi es un sueño, al que vuelvo cada vez que puedo, es un pueblo lleno de vida y belleza que espero volver a rozar en nada! Estos pastelitos la locura en sabor, en aroma, en sensaciones. Recuerdos maravillosos que compartes y alimentan!

    Un beso grande preciosa.

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  11. Que preciosa entrada Mon..te veo como en una película vestida con ese vestidito que hizo tu mami y sobretodo comiendo esas sardinas maravillosas como solo se dan en Portugal y pidiendo de postre un pastei de Belém :) que ternura mi pequeña Mon....y que recuerdos tan lindos!..yo ando un poco revisitándo mi infancia estos días..cosas de la vida, que a veces te sorprende con visitas del pasado..por eso siento esta entrada como algo aún más mágico de lo que ya lo haría en otro momento, sabes?
    Estos pastelillos son realmente difíciles de hacer igual que en Lisboa..ya sabes que hace poco hice unos con la #cocinacallejera y si bien eran deliciosos, es cierto que no son exactamente iguales que los que ahí probé...será cosa de dejarse llevar por tu receta..porque tú sabes muy bien de lo que hablas y eres una gran cocinera :)
    miles de besos mi Mon de roja melena....loviu very much <3

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  12. Aquests pastissets estan boníssim!!! i quins records tan bonics, és curiós com un sabor o una olor et trasnporten a la infància. Segur que els pasteis t'han quedat absolutament deliciosos. Jo també segueixo el blog P&T i és una meravella ;-)

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  13. Hola Mon, que bonita historia, tus recuerdos enganchan que no veas! Yo los pasteis los hago así, según la receta que publicó en su día el comidista y soy fiel a esta receta porque es sencilla y quedan muy bien, pero bueno desde luego probaré también la tuya! Un besazo y me apunto a ese encuentro en Madrid! muaks
    http://igloocooking.blogspot.com.es/2013/04/pasteis-de-belem-receta.html

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  14. Mira! esta versión tuya con pasta brick me parece estupenda, tendré que probarla a ver que tal... muy buena aproximaçao la tuya.
    Venir a leerte es un balsamo, que entrada tan bella (y como me gustan las imágenes super 8)
    Del texto me quedo con la descripción dos pasteis | La parada allí fue obligada y resultó un momento de éxtasis total. Los pastéis se sirven tebios y son crujientes, aterciopelados, dulces y fragantes por efecto del limón y la canela. Son una pura delicia ¡Pa flipar! Muaks

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