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lunes, 31 de octubre de 2011

La vuelta al mundo {Bicicletas}

ENCADENADOS

Jackie Rueda es una excepcional fotógrafa que tiene uno de mis blogs favoritos, Casi en serio. Además de publicar encantadores textos sobre su cotidianeidad, organiza cada mes un evento fotográfico en Flick que se llama "La vuelta al mundo". Ella propone un tema y todos, cámara en mano, hemos de recorrer nuestras ciudades buscando ese motivo para participar. Este mes de Octubre el tema ha sido {Bicicletas}.

Yo he participado con 2 fotos. La verdad es que creía que fotografiar bicicletas sería más fácil, especialmente tratando de decir algo con las fotos.. pero ha sido más difcíl de lo que pensaba. De todos modos, aprendí muchas cosas como que los buenos sillines son Brooks, que existen infinidad de timbres, que existen bicicletas ultramodernas de colores ácidos y  como siempre, fue un placer ver la cantidad de fotografías que la gente puso, especialmente las de Julia Dávila o las fotos de Dani Alvárez, con un tratamiento espectacular que hablan  de soledad....

Mi mosaico:




Enlace del resumen realizado por Jackie de la participación de este mes.

viernes, 28 de octubre de 2011


HALLOWEEN - NUEVO RETO DE FILM&FOOD

Las chicas de Film&Food nos proponen un divertido reto… Trick or Treat? (Susto o trato) eran las opciones. Decidí ser arriesgada y pedí Susto…así que recibí mi justo premio/castigo. La verdad es que me he divertido esperando mi susto, cuando lo recibí y cuando vi que podría salir adelante con él.  Intenté obtener la receta que de buen seguro acompañaba a esa foto. Aprendí algo de Google… sabíais que si poníais una foto en el Google Chrome, te busca los documentos en que sale esa foto???? (me parece una función fantástica!!!) Así que, al final, tenía además una receta para poder seguir mi Susto particular.

La receta que encontré es esta,  Halloweenies – A Ghoulishly Good Recipe y así la seguí.



HALLOWEENIES – UNA MACABRA RECETA


Ingredientes:

Salchichas de Frankfurt (cada una se convierte en dos)
Una lámina de hojaldre congelado
Mostaza amarilla

Sacar las salchichas de Frankfurt del envase y cortarlas por la mitad de largo. Abrir la hoja de hojaldre e ir cortando tiras de hojaldre a lo largo intentando que sean todas iguales. Yo iba cortando a medida que las necesitaba. Envolver la salchicha por la parte redondeada rodeándola como si fuera una cabeza y le estuvieramos poniendo un pañuelo y luego empezar a envolver la salchicha como a una momia. Se trata de dejar un hueco para la cara como se aprecia en la foto.

Ir colocándolo todo sobre una bandeja antiadherente, o en la bandeja del horno sobre papel vegetal.  Hornear a 150º aprox. hasta que veamos que el hojaldre esté dorado.  

Dejar reposar las salchichas y a la hora de servirlas hacerles los ojos con el bote de mostaza (si es de los que tienen boquilla, si no yo me apañé con unos palillos).

Para acompañar corté con la mandolina un boniato y lo freí en aceite de oliva virgen y lo salé con sal gruesa o de escamas.

Feliz castañada!!!!!!


jueves, 27 de octubre de 2011

   ARROZ CON LECHE - NUEVO RETO DE MEMÒRIES D'UNA CUINERA 

Llevo todo el mes evitando el reto de Memòries d’una cuinera sobre el arroz con leche porque ha sido, es y creo será un postre que nunca va a gustarme. Me ha parecido siempre empalagoso, de desacertada combinación y hasta cursi….Sí, no sé porque, pero me parece un plato cursi. De pequeña nunca lo comí pues no era tradición hacerlo en mi familia y de mayor siempre me ha dado como un poco de apuro esa mezcla de leche (algo dulce) y arroz (en principio salado) que encima se come frío.

Ante los bombones de arroz con leche del blog El mòn de Juju aluciné con la capacidad creativa de algunos blogs para convertir una receta clásica en algo diferente. Aún no sabía por dónde salir pero inconscientemente había aceptado el reto y entonces recurrí a mis fuentes americanas. Sí, lo siento, traicioné las bases españolas del plato,  pero necesitaba encontrar una idea que me permitiera ver el plato como algo atractivo y diferente. Y así encontré esta receta.

Este arroz se come caliente aunque supongo que puede comerse frío.  Yo lo he probado y me ha encantado su cremosidad y su sabor.  La receta es del número de Octubre de 2009 de Food&Wine y los cambios han sido, sustituir la leche de soja por leche de coco, añadirle una barrita pequeña de canela y en el sirope cambiar el oporto por moscatel.  Espero os guste.


PUDDING DE ARROZ ARBORIO CON HIGOS POCHADOS
 Ingredientes:
 (para 2/3 personas)

Para los higos:
5 higos (o uno por persona)
120 ml de moscatel (ú oporto)
250ml de agua
2 cucharadas grandes de azúcar
4 clavos
3-4 porciones de piel de naranja
1 hoja de laurel

Para el arroz:
150 g de arroz arborio
250ml de agua
1 pizca de sal
1 lata de leche de coco (400g)
2 cucharadas de miel
1 ramita de canela
1 cucharadita de café de vainilla líquida

Empezaremos con los higos. Poner en un cazo el moscatel, el agua, el azúcar, los clavos, la piel de naranja y el laurel y llevarlo a ebullición. Cuando lo haga, poner los higos dentro con los rabitos para arriba. No os preocupéis si se os giran. Dejar hirviendo por espacio de unos 20m. si el jarabe nos reduce mucho añadir un poco de agua (a mi no me fue necesario). Sacar los higos y colar el sirope reservándolo.

Llevar a ebullición el agua con la pizca de sal. En cuanto hierva echar el arroz. Como en el proceso del risotto dejar que absorba el agua y cuando ya casi lo haya hecho ir añadiendo la leche de coco en pequeñas adiciones y repetir el proceso de absorber, añadir más, absorber.

Cuando haya absorbido toda la leche apartar del fuego, añadirle las dos cucharadas de miel y el chorrito de vainilla.

Servir colocando un higo encima cortado en cuartos o mitades y con un poco de sirope por encima.

martes, 25 de octubre de 2011


FRESITAS A LA PIMIENTA VERDE
NUEVO RETO DE
CHEF PIMIENTA ROSA

El blog Pimienta Rosa propone un reto que empiece y termine en una sartén. Hace muchos años ya (que lejanos parecen), con motivo de alguna celebración ó día especial, mis padres nos llevaban a cenar a un restaurante que había en la calle Santaló, esquina Vía Augusta de Barcelona que se llamaba “Arcs de Sant Gervasi” y que desafortunadamente ya no existe. Allí fue jefe de cocina Josep Balaguer, que lo es ahora de l’Olivé, uno de los restaurantes ya clásicos de la ciudad. En aquellos tiempos, la comida y el chef, no eran las estrellas. Se buscaba calidad, pero el restaurante era un lugar dónde celebrar, hablar ó “dejarse ver”.  Cómo ha cambiado el panorama gastronómico! No es que no me guste que la comida tenga predominancia, ya que es casi objetivo de mi vida,  pero en ocasiones, este papel supedita los demás ingredientes…y deberíamos salir a comer para disfrutar en fraterna comunión de la comida y de la compañía.  Y otras, el nombre de un chef, eclipsa la verdadera calidad del producto final. Demasiado tocado, demasiado colocado, demasiado en sí.

Era un sitio agradable del que ya no recuerdo muchas cosas. Pero en los postres, se vivía un momento especial. El maître venía a la mesa con una de aquellas sartenes de cobre tan bonitas, un fogón auxiliar y todos los gadgets que necesitaba y lo preparaba allí delante de tí. Todo ese ritual nos llamaba mucho la atención y siempre lo pedíamos, a parte de que nos encantaba.

Así que cuando el reto hablaba de recetas hechas en una sartén lo tuve claro. Espero os guste.




FRESITAS A LA PIMIENTA VERDE
En la receta original yo creo recordar que usaban más de un licor, pero yo sólo lo hago con uno.


Ingredientes:
(para 2 personas)

1 cestita de fresitas salvajes
20 g de mantequilla
3 cucharadas de azúcar
1 rodaja de limón o lima
1 copita de Cointreau ó Grand Marnier
Pimienta verde
Helado de vainilla

Poner una sartén al fuego con la mantequilla y la rodaja de lima (yo le pongo lima que estoy en fase lima). Con una cuchara de madera ir pasando la rodaja por toda la sartén para impregnarla de su aroma sin dejar que se queme la mantequilla. Añadir el azúcar y en cuanto veamos que se disuelve incorporarle las fresitas. Espolvorear la pimienta verde por encima y darle un par de vueltas.  Incorporar la copa de Cointreau o Grand Marnier y flambear.  No dejar pasar mucho tiempo tras esto, pues las fresitas son delicadas y cuanto más tiempo pasan al fuego tienden a deshacerse.

Colocar en la parte central de un plato una bola de helado de vainilla y servir las fresitas por encima dejándolas caer sobre el helado.




domingo, 23 de octubre de 2011


  Lola

Lolina, es una de esas amigas que uno ha de considerar “artista” a la fuerza. Es tierna, dulce y muy generosa. Pinta al mar y a las flores, aunque a mi los que más me gustan son los cuadros de comida como la col y la granada que he puesto al final de la entrada,  pero se atreve con cualquier reto que le suponga apasionarse. Ha sabido reinventarse desde una existencia plácida y despreocupada a una vida que ha tenido que ordenar desde sí misma. Es despistada y se distrae con facilidad, y va de un tema a otro con la velocidad de la luz… Es el carácter del artista… no hay duda.  

Lolina fue una niña feliz criada en un entorno familiar también muy feliz en un lugar idílico (el valle de la Orotova, en Tenerife) rodeado por el mar y custodiado por un viejo volcán. Un lugar dónde los días son cálidos y plácidos y dónde la vida simplemente transcurre. Siempre pienso que la familia de Lolina parece una familia salida de una película de Capra, con multitud de personajes, de caracteres muy personales pero dados los unos a los otros.

Manuela, la abuela de Lolina, fue una de las primeras mujeres de esta saga familiar. Nacida a principios de siglo XX, su vida transcurrió feliz al lado de los suyos. Un muchacho, Juan, rubio de ojos azules y de ascendencia inglesa se casó con ella y tuvieron 5 hijos; Lola, Emilia, Nazaria, Juan y Pepe. El padre de Manuela que provenía de Cuba enviudó y se casó en segundas nupcias teniendo dos hijas más, Lucia y Nieves. Lolina siempre había creído que eran una única persona, Lucinieves, pues siempre oía hablar de ellas como una unidad. Ambas, de hecho no se separaron nunca. Cosían y tenían un taller de caballeros y a Lolina le encantaba ir allí dónde se disfrazaba, jugaba con las telas y hacían rosquillas. Con los años, tan sólo vivía la tía Nieves y ya sin nada que hacer se moría por el papel de plástico de burbujas. Lolina le llevaba muchas veces y Nieves se enfadaba si alguien le explotaba alguna burbuja.

Doña Manuela fue una abuela divertida que hacía reír a sus nietas.  Como a Lolina le encantaba disfrazarse y no hacía falta tener un traje al uso para ello, cualquier cosa sirve (de hecho, Lolina siempre nos ha sorprendido en las fiestas apañando con cualquier retazo un perfecto disfraz de Bob Marley o de Azúcar Moreno). Su marido, Don Juan, iba siempre con  sombrero y no pasaba un día sin que visitase su huerto. No le gustaba que le llamaran abuelo, pero le caía la baba con sus nietos.

Lola, creció así en un matriarcado feliz junto a sus hermanos. Desde muy joven anduvo enamorada de Teo, un muchacho emprendedor y ambicioso, el mayor de 11 hermanos, que se marchó a Estados Unidos a abrirse camino, no sin prometerle amor eterno. En los años 40, Lola y Teo se casaron por poderes y Lola, una mujer valiente, cogió sus maletas e hizo un largo viaje en barco hasta Venezuela para iniciar una nueva vida y una familia con él. De esta unión nacieron Marta y Lolina. Cuando Lolina tenía 5 años se volvieron al Puerto de la Cruz. Teo fundó la Agencia Renault y la vida empezó a ser un mundo lleno de curiosidades para las dos niñas en la tierra de los suyos y que ya fué la suya propia. A su padre le encantaba ir a pescar con los demás pescadores del puerto y muchas veces en el camino a casa, iba regalando el fruto de su trabajo. Lola le regañaba, pero la gente ya le esperaba en el camino.  A Lolina le encantaba acompañar a su padre al puerto, y sentarse junto a él, a escamar los pescados. Las cabrillas fritas eran el pescado favorito de Lolina, y hoy día se pueden aún comer con papas y mojo en La tasquita  Min, un restaurante especializado en pescado fresco del puerto.

Lolina recuerda como Doña Manuela que vivía en el piso de abajo, acostumbraba a subir a preparar el Rancho Canario, un plato muy humilde pero sabroso que encantaba a las niñas. Lleva pocos ingredientes y se supone su origen de épocas de austeridad dónde era fácil encontrar costilla salada (un alimento de fácil conservación y que siempre había en las casas junto con las papas y los garbanzos).  Cuando terminaban la sopa, daban cuenta de los trozos de costilla que había en el plato.

Hoy día es Marta, la hermana mayor de Lolina, la que transmite la receta y la preparó especialmente para mí acompañada de Lolina que tomó apuntes. Me gusta imaginar a las dos hermanas “encadenando” un recuerdo familiar que ya no va a perderse. Para la foto la sirvió en una sopera que había pertenecido a Doña Manuela.


RANCHO CANARIO
Si buscáis en la red otras recetas del rancho, veréis que en muchas de ellas usan judías pintas en vez de garbanzos o que usan más carnes. Me gusta esta receta porque es muy simple y muy sabrosa, y sobretodo porque respeta el modo de hacerlo de una familia desde hace 3 generaciones.

Ingredientes:
(para 4 personas)

Costilla de cerdo salada (aprox. una o dos costillas por persona)
Garbanzos (200 g aprox. si son cocidos, un puñado por persona si son secos)
Pasta de sopa tipo fideo grueso o macarrón pequeño rizado
1 cebolla
Aceite de oliva vírgen

Poner a remojar los garbanzos el día anterior si van a hacerse en el rancho. Yo he utilizado los ya cocidos mucho más fácil de manipular.

Rehogar en la olla ó puchero dónde vamos a hacer el rancho la cebolla. Cuando ya esté pochada, añadir las costillas y los garbanzos. Añadir el agua que cubra y sobrepase un poco las costillas, especialmente si van a cocerse los garbanzos. En caso contrario dejar cocer como unos tres cuartos de hora o una hora tapado. En ese momento añadir las papas troceadas toscamente y la pasta. Marta lo preparó con una especie de macarrones pequeños, pero sirven igual fideos gruesos o tiburones pequeños (galets).

jueves, 13 de octubre de 2011


SWEET POTATOES
NUEVO RETO DE
ELS FOGONS DE LA BORDETA

 El blog Els Fogons de la Bordeta, nos propone para este mes un reto relacionado con la fiesta del último día del mes, víspera de Todos los Santos. Festividad que se celebra en muchas ciudades del mundo con tradiciones bien diferentes. En Cataluña es una fiesta de tradición familiar ó para celebrar en casas de amigos.  El menú contiene boniatos al horno, castañas y panallets (unos dulces de almendra y frutos secos).

Ninguno de los tres ingredientes me gusta especialmente. Las castañeras me parecen entrañables y más cuando su función es la de poder calentarnos las manos con los cucuruchos llenos de castañas recién hechas. Aunque con los cambios climáticos, más bien las que se asan de calor son las propias castañeras con su ropaje “ad-hoc” frente al característico hornillo casero dónde asan las castañas. Pero en realidad el gusto de la castaña no me llega. Tampoco los panallets, a excepción del de coco, son dulces de mi gusto. Y los boniatos al horno, tal como los he comido en mi infancia, hechos simplemente al horno, servidos tal cual y comidos a cucharadas… pues tampoco.

En los últimos años Halloween, tradición americana para la noche del 31 se ha impuesto en nuestro país y ya mucha gente fusiona ambas fiestas. Las Fiestas de disfraces en colegios y casas, parecen divertir más a los pequeños y mayores y  terminan tomando panallets y boniatos al horno.

Hace 16 años, cuando en mi vida se cruzó por primera vez la ciudad de Chicago y viví mi primer Thanksgiving en el seno de una familia mi concepto del boniato cambió. Los sweet potatoes o boniatos tienen un papel principal en esa festividad. Quería hacer varias entradas con la comida del Thanksgiving, pero adelantaré esta receta para el reto de Els Fogons de la Bordeta.  

Desde entonces cada año he “celebrado” Thanksgiving con mis amigos aprovechando que mi cumpleaños cae por esas fechas y los sweet potatoes es uno de los platos más demandados y disfrutados. Así que… ahí va la receta americana más famosa para comer boniatos.


SWEET POTATOES

 Ingredientes:
(para 4 personas)

De 3 a 4 kg de boniatos
Mantequilla
Canela en polvo
Azúcar moreno

Pelar y cortar los boniatos en láminas o en rodajas, como prefiráis. Yo suelo hacerlo en láminas, aunque para la receta de hoy usé tan sólo 1kg de boniatos y al ser pocos lo hice en rodajas.

Esta receta es tan sencilla que sorprende. Colocar en una bandeja de horno un poco de mantequilla, canela y azúcar moreno en la base. Una primera capa de boniatos, otro poco de trocitos de mantequilla, canela y azúcar. Otra capa de boniatos, otra capa de azúcar, canela y mantequilla. Así hasta el final.  Terminar con azúcar, canela, y mantequilla.

Meter en el horno a 150º durante una hora u hora y media dependiendo de la cantidad de boniatos. Cuando hay cantidad es conveniente a mitad de cocción, sacar la bandeja y tratar de dar la vuelta o girar un poco los boniatos superiores con los inferiores, con cuidado de no romper la estructura, para que se empapen del jugo que se va formando. Si no los superiores quedarán más secos. Si vemos que se nos empiezan a quemar por encima tapar con papel albal.

El toque final, nada europeo, es cubrirlos de nubes y gratinarlos…pero eso no gusta a casi nadie aquí…así que tan sólo lo menciono, para que lo sepáis. Yo nunca lo hago porque sé que la gente suele hacer cara de “grrr…. vaya porquería”. No lo es en absoluto… son sus costumbres, pero con no ponerlo todos felices.

Espero os gusten!

Thanksgiving 2008









                                                                      

martes, 11 de octubre de 2011

La cocina de siempre


SOPAS HUMILDES

Muy someramente pero empezó a correr el aire… durante unos días creímos que había llegado el otoño y sacamos con ilusión las rebecas de las cajas de lo alto del armario. En el autobús dejaron de poner el aire acondicionado y en las casas bastaba abrir las ventanas para dejar que la brisa otoñal atravesase nuestras vidas llevándose el calor sofocante de este final de verano…. Pero no… fue una vana ilusión y el anticiclón vuelve a estar sobre nosotros aplastando y confundiendo.

Y yo, con las corrientes, me he resfriado. Es típico este primer constipado del invierno, como recordándonos que somos humanos débiles presas de cualquier virus que se cuele en nuestro organismo oculto en una simple brisa vespertina. Y en medio del caos, entre los kleenex, las couldinas y el vicks vaporub he recordado esos menús de enfermo que nos hacían nuestras madres... en mi caso era la sopita de arroz con ajo y laurel y luego aderezada con un chorrito de aceite y detrás una porción de merluza hervida con una patatita. De postre, cuando ya estaba mejor me daban un flan y para desayunar zumo de naranja…. Esos pequeños privilegios.  Pero eso no duraba mucho... de repente llegaba tu madre, entraba en la habitación, te echaba de la cama, abría las ventanas para que se ventilara la habitación de microbios y tú te veías ahí en medio, medio desnuda, aterida de repente por la intuición de que,  la sobreprotección se iba a acabar. Y tú madre te ponía el termómetro y si no había ya fiebre, al día siguiente al colegio.

Si que había algo que me gustaba de los menús de enfermo y es la sopa de ajo. Ese remedio de abuelas, que he comido en pocas ocasiones pero que me gusta mucho y me hace sentir llena de energía. El poder antibiótico del ajo, su leyenda vigorizante y su sabor siempre me han gustado. Mi madre siempre me recuerda como una vez en Lisboa, dónde acostumbraban a colocar sobre el bacalao cocinado un ajo pinchado en un palillo como adorno, yo lo cogí demasiado rápido para poder ser advertida y me lo metí en la boca pensando que estaba hervido. Fue un bocado "delicado" pero ese ese día, como Obélix cuando cayó dentro de la marmita… me volví inmune. Ya no me afecta si pica o si algo está fuerte de ajo. Al revés me encanta… Sería capaz de mojar toda una barra de pan en un all-i-oli o en frotar un ajo con fruición en una rebanada de pan de hogaza tostado al fuego.  El gazpacho me gusta fuerte de ajo y en fin… al contrario que a Victoria, a mi me encanta como huelen las cocinas españolas dónde el ajo es un rey.

He unido pues en esta receta tres clásicos remedios de nuestras abuelas; la sopa de ajo, la sopa de tomillo y el traguito de coñac que nos ponían en la leche para hacernos “sudar” que era entonces la panacea de cualquier subida de fiebre. Como base usé las explicaciones para la sopa de ajo del blog Cocina con nieves  y luego adapté la receta.



SOPA DE AJO

Ingredientes:
(para 2 personas)

6-8 ajos (3-4 deberían ser el mínimo)
2 rebanadas de pan (tipo payés, hogaza, es decir, redondo) cortado en 4 trozos
Caldo suave de pollo casero
1 copa generosa de cognac o brandy
1 ramillete de tomillo seco
Pimentón de la Vera (yo tengo uno ahumado que le da un toque genial)
Aceite de oliva vírgen extra
Sal/Pimienta

Freír en una olla, dónde luego hervirá la sopa, los ajos.  Cuando estén dorados,  verter el cognac y dejar que se evapore el alcohol. Añadir el pimentón fuera del fuego para evitar que se queme y amargue, el pan en trozos toscos (si se quiere más espesa la sopa se pone más pan) y el tomillo. Dejar unos minutos  y añadir el caldo suave (si no se tuviera puede añadirse agua).  Salpimentar.

Dejar hervir unos 10 minutos. Sacar el tomillo y triturar con el pimer. Personalmente no me gusta encontrarme el pan todo deshecho por dentro de la sopa. Pasarla por un tamiz fino y servirla.

Si no estamos enfermos un toque de leche o crema de leche la sube de categoría y se convierte en una crema mucho más suave. También puede hervirse en ella un poco de pasta pequeña, ó fideos, e incorporar trocitos de pollo como picatostes. La imaginación es vuestra.  Nuestras madres, cuando no mirábamos, añadían una yema de huevo cruda para que fuera más nutritiva. Al gusto.




miércoles, 5 de octubre de 2011

CARROT CAKE, OTRA VERSIÓN


Hablaba hace unos días de los paraísos perdidos con motivo del reto de Film&Food y ayer tuve un encuentro con uno de ellos. Recibí una llamada cuya voz al otro lado me retrotrajo a momentos vívidos ya hace muchos años, en un paraíso perdido. Un momento en la vida libre de problemas y tensiones (aunque no lo pareciese entonces!), con el sólo devenir de los días y de los encuentros para ir al cine o hacer algún viaje de fin de semana.  Largas conversaciones sobre el futuro y disquisiciones más o menos afortunadas sobre la vida. Qué lejos me queda esa jovencita, pero no lo digo por una cuestión de edad sino porque mi mente ha cambiado tanto que casi soy otra persona y, no me reconocería si me pasaran un super-8 con voz de alguna de esas vivencias y conversaciones. En la estimulante soberbia de la juventud uno cree que será siempre igual y que sus pensamientos perdurarán tan claros y concretos como los tiene entonces. Y te lo dicen y tu piensas “a mi eso no me pasará”…

La conversación terminó hablando del carrot cake… una de mis favoritas y mejores recetas… y claro, cómo es que aún no he colgado la receta?? Pues porque …. no sé, hay una resistencia interior…como diría Gollum “es mi tesoro”. Pero hoy, probé una nueva receta de otro blog americano que me encanta por su estética y su contenido, {a thought for food}  y la verdad los resultados fueron muy buenos. Brian Samuels, fotógrafo que vive en Massachussets, creó este blog para compartir recetas, fotografías, anécdotas e historias relacionadas. Es su cumpleaños y reflexiona sobre su último año de vida y los propósitos para el siguiente. Termina diciendo que ya puede tachar uno de los propósitos que se hizo para este año… hacer un layer cake ó pastel de capas. Él, a su vez, lo sacó del blog http://sweetapolita.com y realmente la versión original es preciosa.


Este es su carrot cake.
 




















“CARROT CAKE” Ó PASTEL DE ZANAHORIA CON COBERTURA DE CHOCOLATE BLANCO

Ingredientes:
400 g de zanahorias ralladas aprox. (ellos ponen más, pero yo creo que es suficiente)
1 naranja
340 g de harina
1 cucharita de café de levadura
1 cucharita de té de bicarbonato
1 cucharita de té de jengibre en polvo
250 g mantequilla pomada  (puede sustituirse por la misma cantidad en aceite de oliva vírgen)                                       
350 g de azúcar  (puede sustituirse por azúcar moreno, yo lo hice en este caso)                                                      
4 huevos                                                                         
2 cucharitas de té de vainilla líquida                        
237 g de leche                                                                

Cobertura de chocolate blanco
250 g de mantequilla pomada
1 cucharadita de café de vainilla líquida
175 g de chocolate blanco
Azúcar glas

Rallar la zanahoria y dejar aparte. Calentar el horno a 180º.

Mezclar la harina, la levadura, el bicarbonato, el jengibre en polvo, y la piel de la naranja.

Batir la mantequilla hasta que esté cremosa y añadirle el azúcar.  Añadir los huevos uno a uno y  la vainilla líquida. Si adquiere consistencia como si se hubiera cortado no preocuparse se recuperará al volver a batir. Añadir la harina en varias tandas intercalándola con tandas de leche. Terminar con la harina. Incorporar la zanahoria y remover con cuidado.

Dividir la masa en dos moldes iguales y para estar seguro que ambas tienen la misma cantidad de masa, pesarlos una vez casi llenos e igular si fuera necesario. También puede hacerse en un solo molde y luego cortarlo por la mitad. Si se hace en dos moldes la cocción será de aproximadamente 30-35 min,  y si  se hace en un solo molde la cocción será de unos 40-60 min. aprox.; pero pincharlos antes de retirarlos para comprobar el punto de cocción. Dejar reposar la masa sobre una rejilla.

Para hacer la cobertura deshacer el chocolate en el microondas o dejándola en un bol en el horno unos minutos.  En otro bol batir la mantequilla hasta que esté cremosa. Añadir el chocolate y la vainilla y seguir batiendo añadiendo azúcar glas al gusto. En este tipo de coberturas la cantidad de azúcar glas es desmesurado y para mi gusto luego se nota en la textura. Yo suelo ir poniendo azúcar y probando hasta conseguir el punto dulce necesario y correcto.

Poner una capa generosa encima de una de las mitades y cubrir con la otra mitad. Cubrir el pastel con el resto de la cobertura y ya está listo.

Yo lo adorné con ralladura de naranja y de chocolate. En la receta original se troceaban gominolas de jengibre, pero a mi no me gustan nada.




sábado, 1 de octubre de 2011

La vuelta al mundo {Gente de espaldas}

ENCADENADOS

Jackie Rueda es una excepcional fotógrafa que tiene uno de mis blogs favoritos, Casi en serio. Además de publicar encantadores textos sobre su cotidianeidad, organiza cada mes un evento fotográfico en Flick que se llama "La vuelta al mundo". Ella propone un tema y todos, cámara en mano, hemos de recorrer nuestras ciudades buscando ese motivo para participar. Este mes de Septiembre el tema ha sido {Gente de espaldas}.

Yo he participado con 3 fotos. La verdad es que creía que tendría más ocasiones de fotografiar personas de espaldas pero no fue tan fácil, así que recurrí a fotos de archivo. De todos modos, como siempre, fue un placer ver la cantidad de fotografías que la gente puso, algunas de ellas muy originales, sugerentes y muy bonitas.

Mi mosaico:



Enlace del resumen realizado por Jackie de la participación de este mes.